La
economía del comportamiento provee herramientas que pueden ser útiles para la
prescripción de políticas públicas, pero no en todos los casos. Hay que
emplearlas cuando sea necesario y apropiado para explicar, predecir y definir
una política pública. Mejores predicciones mejoran nuestra habilidad de
identificar la política pública óptima que nos ayude a promover el bienestar
general.