por Jaime Ros Bosch**
Conferencia a los estudiantes de primer ingreso:
Buenas tardes a todos. El director de la Facultad de Economía me ha otorgado la distinción de dirigirme a ustedes para hablar del quehacer del economista y darles la bienvenida a nuestra Facultad, distinción que le agradezco muy sinceramente.
Antes de volver hace tres años a México y a la UNAM, donde estudie hace muchos años (prefiero no contar cuantos), viví 20 años en Estados Unidos donde enseñe economía en la Universidad de Notre Dame. Es muy común en Estados Unidos, en la academia incluida, empezar una conferencia contando un chiste. Debo confesar que al principio me "sacaba mucho de onda" esta manera de introducir un tema, que a veces era muy serio e incluso grave, pero eventualmente me acostumbre y creo haber entendido el propósito de este recurso: romper el hielo, es decir, relajar al público y relajarse uno mismo quitándole el carácter ceremonioso que de otra manera tendría la reunión entre el conferencista y su público. De manera que por primera vez en mi vida, voy a empezar una charla con un chiste, en este caso sobre la disciplina que se han embarcado a estudiar, o mas bien, con algo que parece un chiste pero en realidad es un reflejo fiel (y no distorsionado de la realidad).
La afirmación dice así: “El de la economía es el único campo en el que dos personas pueden obtener el premio Nobel por decir uno exactamente lo contrario del otro”. Para convencerlos de que no es en realidad un chiste déjenme darles algunos ejemplos. Milton Friedman recibió el premio en 1976 por sus aportaciones a la teoría monetaria y James Tobin en 1981 por su contribución a una teoría monetaria completamente distinta; Bertil Ohlin lo obtuvo en 1977 por su contribución a la teoría neoclásica del comercio internacional y Paul Krugman en 2008 por su aporte a la nueva teoría del comercio internacional, crítica de la teoría neoclásica; Robert Lucas (1995) y Daniel Kahneman (2002) lo obtuvieron por visiones completamente encontradas de la racionalidad económica y la incertidumbre. De hecho se puede agregar a la afirmación anterior que no solo se puede obtener un Premio Nobel por decir lo contrario que otro Premio Nobel. Se puede compartir el mismo Premio Nobel por decir lo opuesto que el economista con el que se comparte el premio. El caso más connotado es el de Friederich Hayek, el archienemigo de Keynes, y Gunnar Myrdal, precursor de la teoría macroeconómica keynesiana, que lo obtuvieron en 1974 por “su trabajo pionero en la teoría del dinero y las fluctuaciones económicas y por sus penetrantes análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales” Otro caso es el de Arthur Lewis y Teodoro Schultz que lo compartieron en 1979 por contribuciones completamente opuestas a la teoría del desarrollo económico.
¿Quiere decir todo esto que han escogido entonces una carrera llena de arenas movedizas? Sí, pero antes de abordar esta pregunta, quiero hablar de la importancia social de la economía e ilustrarla con dos ejemplos: la crisis económica mundial y el estancamiento económico de México.
**Profesor de la División de Estudios de Posgrado, Facultad de Economía, UNAM.
*en Revista Economía Informa, No. 383, (2013), pp. 131-137.